Manifiesto
Lo que el Perú aún no terminó de mostrarle al Perú.
Somos uno de los diecisiete países megadiversos del planeta, y el único con ocho pisos ecológicos contiguos. Y sin embargo, lo que el limeño A reconoce de su despensa cabe en dos góndolas de supermercado.
Bosque Encantado existe para alargar esa lista. No vendemos quinua, ni maca, ni sacha inchi. Vendemos lo que la abuela aymara saca del Titicaca antes de que llegue la trucha introducida; lo que el bora tuesta del macambo cuando termina de cosechar el cacao; lo que la curandera de Cajatambo guarda en una bolsa de tela negra y se llama wira-wira.
Cada producto entra al catálogo con una regla simple: si está hoy en góndola de Wong, de Vivanda, de Flora y Fauna, de Orgánica, no entra. Si tiene marca propia visible en la carta de Maido, Central o Mil, no entra. Lo que entra es lo que solo conoce el productor.
Trabajamos con cooperativas, comunidades nativas y pequeños productores certificados. Pagamos por encima del precio de mercado. Filmamos quién hace qué, dónde, cómo. La trazabilidad no es marketing: es la única manera de mantener viva una despensa que se nos está apagando.
Del mar a la cumbre. Una sola mesa.